AMY, la estrella que vimos apagarse

Cultura

Resulta intrigante pensar cómo las vidas de tantas estrellas de la música, cuyos nombres quedarán grabados para siempre en la historia, terminan de forma trágica. La historia de Amy Winehouse quizás no sea tan diferente a la de todas ellas: amistades peligrosas, un padre ambicioso, incapacidad para sobrellevar la fama…Pero sin duda alguna, el documental que dirige Asif Kapadia y que se estrena cuatro años después de su muerte, marcará una diferencia en la forma en la que recordaremos a esta diva.

Para quien se confiese incondicional de la cantante, la película será una delicia en todos los sentidos. Para quien no fuera un seguidor, como yo misma, será como uno de esos breves instantes en los que sientes que una desconocida se ha convertido en tu mejor amiga. Sin darte cuenta estás marcando el ritmo con los pies, con las uñas en la copa de vino, mientras bebes a su salud y comprendes por qué la música y el alcohol le parecieron una buena mezcla. Repentinamente descubres que no era solo una cantante con fama mundial, sino una joven introvertida y depresiva que escribía sus propias letras y componía con su guitarra desde que era adolescente. Disfrutas con sus primeros conciertos, le acompañas hasta lo más alto, para dejarte arrastrar después a los infiernos. Ves cómo se crea y se destruye algo precioso.

Una joya que vemos pulirse gracias a un exhaustivo ejercicio de documentación. El director ha conseguido recuperar una gran cantidad de material sobre la cantante, desde vídeos familiares hasta grabaciones de prensa. Merece especial mención la cantidad de vídeos inéditos existentes de los inicios de Amy como artista. Esto es gracias a su primer manager, su amigo Nick Shymansky, que grababa cada momento especial que vivían juntos; cada viaje, cada concierto. Lo cual es lógico si confías plenamente en que la persona que tienes al lado va a hacer algo grande con su vida.

Y vaya si lo hizo. A partir de esta primera etapa, y con el disco de Back to Black en las calles, la cosa se pone más interesante –aunque pierde una dulzura esencial que irradiaban sus inicios–. Aquí aparece material de la prensa, desde periodistas que la idolatran hasta paparazzis acosándola a las puertas de su casa. Se agradecen mucho las grabaciones en estudios, donde la vemos tan cercana, hablando incluso de cómo se siente respecto a sus letras o a su forma de cantarlas. Y entre todos esos recuerdos, Londres, la ciudad que la vio nacer y morir, vista desde el cielo.

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Hay que mencionar que Kapadia ha reunido tanto material que ha podido hacer un documental en el que ni siquiera hay tiempo para mostrar las caras de los entrevistados. Entre las voces que nos cuentan la historia de Amy encontramos a amigos, compañeros del mundo de la música, a su ex marido Blake Fielder (a quien odiaremos durante el documental) y a sus managers y productores. Destaca la colaboración de su padre, una figura clave en su (estrepitoso) descenso, que quedaría muy descontento con el resultado del documental. Esto se debe a que su padre –como bien dice Amy en Rehab- pensó que no le hacía falta ir a rehabilitación hasta que fue demasiado tarde, y en el film queda manifiesto.

Una gran película necesita de una gran música, y una gran música como la de Amy necesitaba de una gran película. La selección de canciones para este documental pasa desde las más conocidas con las que saltó a la fama, como la mencionada Rehab y Back to Black, hasta algún tema que conocerán los incondicionales, como Stronger than me. Todas contextualizadas dentro de la vida de la cantante, con la atención puesta en el proceso creativo y también en el estado de ánimo de Amy en cada momento. Gracias al cuidado de Kapadia en la presentación de las canciones, podemos descubrir a la chica que había detrás de esa música.

Y no se trataba de una chica cualquiera. Desde el momento en que Amy se muda a Candem, el mítico barrio londinense, su vida comienza a transformarse. El mundo de la música es en sí un mundo vicioso, donde las drogas y el alcohol tienen un protagonismo especial. Su relación con Blake Fielder fue la mala influencia decisiva para su proceso de autodestrucción, sumado a una fama repentina y una personalidad depresiva. Los medios de comunicación, como hienas, supieron sacar partido de la historia de una veinteañera con un talento impresionante y una adicción a las drogas que la acabaría matando.

Una historia sin duda excepcional dentro del tópico, que ha causado sensación en el público y malestar en la familia de la cantante. Ha sacado a la luz algunos testimonios controvertidos, como el de David Joseph, consejero de Universal Reino Unido, que asegura haber destruido todos los demos de Amy. Nunca escucharemos material inédito, según él, por considerarlo inmoral. Tendremos que contentarnos con el regalo que Kapabia ha hecho a quienes admiraban a esta estrella. Tendremos que recordarla por su talento musical, su voz, y su corazón en carne viva, servido caliente en cada una de sus letras.

Publicado originalmente en Dentrodelasala.com

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