La vida antes que la muerte. Bergman antes que nada

Cultura

Durante siglos, las gentes han procurado su vida a la consagración de su futuro, a asegurarse un buen final para su alma, un hueco en los cielos. No hay mayor verdad que la de que todo ser viviente ha de perecer, y ante esa realidad terrible, el miedo de que todo haya sido para nada. Se hace necesario, para algunos, creer que cuando su corazón deje de latir, su alma, lo que son ellos realmente más allá de las carnes, se elevará por encima de la tierra y encontrará su propio destino. Que todo lo que han hecho en vida tendrá su recompensa (o su castigo) después de la muerte, y entonces  – y solo entonces -, sus acciones, su vida, habrá tenido un propósito. Pero, ¿y si no hay nada? Lo único que es real al final de nuestra vida es la muerte.

Ingmar Bergman crea El Séptimo Sello en torno a esta idea. La película está ambientada en la Edad Media, cuando la peste negra surcaba los continentes y las gentes morían por millares con un agónico final. Al comenzar esta historia se nos presenta  Antonius Block (Max Von Sydow), un caballero que ha vuelto de las Cruzadas tras diez años batallando acompañado por su escudero. De camino a casa se encuentra con la muerte (Bengt Ekerot) que viene a reclamarle. Entonces decide proponerle un trato: jugarán al ajedrez para decidir su destino. Si el caballero gana seguirá con vida, y si la muerte vence se lo llevará consigo. La partida se disputará durante varios días, lo que le da al caballero la oportunidad de realizar una acción que deje a su alma descansar en paz. Así mismo le dará tiempo para reencontrarse con un Dios que parece haber perdido de vista después de tanto luchar por él. Block no parará de hacer preguntas hasta que alguien le dé una respuesta sobre lo que hay más allá.

Su escudero Juan (Gunnar Bjornstrand)  le ha acompañado durante todos esos años de Cruzadas, peleando más por él que por ninguna convicción religiosa. Es un hombre con los pies y la cabeza en la tierra, que no cree en el más allá ni en dioses ni diablos. Será la voz de la razón allí donde se encuentre, haciendo entender a las gentes que todo tiene su lado bueno y malo y que la realidad es la que es y es lo único que tenemos. Un hombre de palabra, y que ha sabido interpretar su existencia de una manera que le da más gozo que problemas, a pesar de que sabe que la vida es un asco. Él mismo se define así: “Aquí tienes al escudero Juan. Se ríe de la muerte, blasfema de Dios, se burla de sí mismo y sonríe a las mujeres. Su mundo es solo el mundo de Juan, un pobre bufón ridículo para todos e incluso para sí mismo. Tan indiferente es para el cielo como para el infierno”. Juntos conformarán una pareja que recuerda a Don Quijote y Sancho Panza, un caballero sumido en el mundo de las ideas y un escudero obligado a llevarle de vuelta a la realidad.

seventh seal

José es un comediante que viaja en carro con su mujer, su hijo y el director de su compañía. Realizan su obra de pueblo en pueblo actuando, cantando y jugando, pero él es más que un juglar. Él puede ver a los ángeles y a la virgen, incluso a la muerte. Y a pesar de que nadie le cree sus visiones, José se siente afortunado y orgulloso de sus tratos con el más allá. Es un hombre de fe que vive de forma humilde junto a los suyos. En el momento en que su camino se cruce con el del caballero y el escudero, tendrá que dar más crédito que nunca a lo que le dicta su corazón.

La película entera está sumida en una especie de sombra, una oscuridad especial que le da un aire tenebroso, perfecto para relatar una historia en la que la muerte es la protagonista indiscutible. El sentimiento que demuestran los personajes frente a esta nos trae otro tema muy relevante en esta historia: el silencio de Dios. El caballero intenta encontrar un sentido a una fe de la que no puede librarse. Por más que quiera expulsar a Dios de su corazón, él sigue estando presente como respuesta al miedo que el caballero siente hacia la muerte y la nada. Necesita que alguien conteste a sus plegarias, una voz tranquilizadora, y ni el escudero ni la muerte le pueden dar esa respuesta. Intentará incluso preguntarle al diablo, porque él tiene que conocer a Dios mejor que ningún ser humano.  La teoría del escudero de que tras la muerte solo hay oscuridad, cobra cada vez más sentido.

Se trata de una obra con un potente sentido filosófico que nos habla del amor, del perdón, de la amistad, de la bondad y la maldad, la vida y, por último, la muerte como única seguridad. La partida de ajedrez – que solo puede tener un ganador -, ejemplifica brillantemente la batalla que todo ser consciente libra en presencia de la parca. No se trata simplemente del agónico momento final, si no de una reflexión que aparece cuando pensamos en ella. ¿Qué ha sido de mi vida hasta este momento? ¿Qué hay después? ¿Quién me recibirá? ¿Será Dios o el diablo? ¿O será la nada?

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